http://www.upn.edu.pe/noticias/2015/01/29/docente-upn-publica-libro-poesia-mensajes-valores
viernes, 6 de febrero de 2015
domingo, 4 de enero de 2015
El 21 de agosto de 2013 el Grupo Editorial El Comercio, de
propiedad de los Miro Quesada, compró las acciones de Epensa (Correo, Ajá, Ojo
y El Bocón), de propiedad de los hermanos Agois Banchero, por la suma
equivalente a 17 millones 200 mil dólares; lo que significa que el decano toma
el control de la impresión, la publicidad y la comercialización de Epensa. Esto
dio lugar al debate académico, cuyo punto central es la concentración de medios
en el Perú. Esta transacción ha generado, por un lado, el inmediato rechazo de tal operación por
considerarlo que viola el artículo 61 de Constitución Política del Perú, en el
que se prohíbe la concentración de medios, además de generar la competencia
desleal y poner en peligro la democracia, y por otro, los defensores del decano
asumen que tienen absoluta libertad para operar en una economía de libre
mercado. En tal sentido, asumo que la
concentración de medios en nuestro país es un peligro para la democracia.
Por un lado, digo que la concentración de medios en el Perú es
un peligro para la democracia, porque los ciudadanos recibirían la información
mayoritaria de un solo medio. En ese sentido, si un grupo empresarial tiene el
dominio del 70% de la circulación de los periódicos a nivel nacional, además de
dos canales de televisión, evidencia una única forma de pensamiento en sus
lectores, lo cual trasgrede, parcializa y sesga la información, haciéndola
menos pluralista y democrática, en el entendido de que los ciudadanos tienen el
legítimo derecho a recibir información proporcional que les permita generar sus
propias opiniones y conclusiones producto de lo que leen. Así lo sostuvo el
abogado especializado en Derecho Público, Constitucional y Administrativo,
Ángel Delgado Silva: “Es un peligro. En un Estado democrático, el ciudadano
tiene derecho a estar informado de manera proporcionada. Lo conveniente es que
un ciudadano no reciba información sesgada, de modo que pueda sacar sus propias
conclusiones y tome sus decisiones. Pero si la información viene de una sola
vía, de un solo camino, obviamente recibirá información parcializada.” (La
República.pe, miércoles, 04 de setiembre de 2013).
Por otro lado, es antidemocrático que un grupo editorial
monopólico silencie las propuestas disidentes de su contraparte, sobre todo
cuando se trata de procesos electorales. Si no recordemos, que durante las
elecciones presidenciales del año 2011, El Comercio apoyó la candidatura de la
hija del exdictador, Alberto Fujimori (1990 - 2000) condenado a 25 años de
prisión por delitos de corrupción y de lesa humanidad, a lo que se puede asumir
que está en su legítimo derecho de brindar su apoyo al candidato que mejor le
plazca; sin embargo, lo que no se está considerando es el derecho a la
pluralidad en el tratamiento de la información
que no necesariamente sintoniza con su propuesta. Es justo precisar que
en aquella coyuntura electoral, según este diario, se dejaba entrever que la
candidata del fujimorismo gozaba de la aceptación mayoritaria de los peruanos,
en desmedro del denominado candidato antisistema, lo cual distaba mucho de la
verdad, pues, los resultados favorecieron a Ollanta Humala, pese a los
constantes ataques de los diarios de derecha. En consecuencia, en un país, en
el que la mayoría aún no entiende a cabalidad sus legítimos derechos, y no
tiene la suficiente capacidad para discernir entre lo objetivo y lo subjetivo,
corre el peligro de ser manipulado al recibir la información a través de un
solo canal, lo cual es perjudicial y antidemocrático.
Asimismo, tanto Perú como Argentina albergan a grupos
periodísticos mediáticos muy poderosos, que bajo la lupa una economía de libre
mercado no tienen ninguna objeción para operar. Sin embargo, el problema surge
cuando, desde el punto de vista ético-moral se observa que la información, en
muchos casos, dista mucho de la objetividad, lo que conduce a pensar que la
mayoría de periodistas trabajan en función de los intereses de sus empleadores,
caso contrario, serían despedidos, situación que destiñe la veracidad de la
información periodística. En el caso de Perú se ha dicho que El Comercio tiene
el dominio aproximadamente del 70% de la prensa escrita y televisiva, lo que
implicaría que si este medio se propusiera, por ejemplo, disentir con el
discurso de un gobierno que intente regularlo por violentar algún principio,
fácilmente tendría bajo su dominio una enorme ventaja sobre el resto del
periodismo, significado catastrófico para un país que empieza a creer en la
democracia y en la paz interna que le costó conseguirla, luego de tanto
sacrificio. En el segundo caso, a diferencia de Perú, se encuentra el
conglomerado mediático más grande de Argentina con el Grupo Clarín S.A. que
reúne el 41% del mercado radial, el 38% de la televisión de señal abierta y el
59% de televisión por cable, lo cual no
se condice con el principio de objetividad, pluralidad y democracia de ese
país, al encontrarse en constantes enfrentamientos judiciales con el gobierno
de turno; y que además, en términos de Martín Sabbatella, Autoridad Federal de
Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), este grupo mantiene su posición
dominante y su falta de independencia, al existir vínculos societarios entre el
diario y las empresas que regenta, lo cual de por sí ya es un fraude para sus
lectores. En consecuencia, para evitar que los grupos mediáticos traten de
influir negativamente y violenten nuestros derechos, debemos entender que
democracia no es sinónimo de imposición y sometimiento de quienes tienen el
poder; democracia significa que todos los ciudadanos tenemos los mismos deberes
y derechos, en la que debemos aprender a convivir participativamente, de manera
libre, justa, igualitaria, independiente, además de recibir la información de
los distintos medios de comunicación de manera objetiva, tal y como lo
establece nuestra carta magna.
Ahora bien, en un país “democrático”, asistimos ante el discurso
sardónico de quienes tienen el sartén por el mango que, como es natural,
defenderán lo suyo y jamás asomará en ellos la paupérrima idea de asumir sus
yerros cuando en nombre de la teoría del libre mercado, de la constitución
política y de todas las leyes vigentes en este país, asumen que ejercen su
legítimo derecho, y que tienen absoluta libertad para seguir jugando a
compraventa de cuantas empresas editoras les competa. No obstante, lo ocurrido
en los vecinos países nos delata que cuando el elefante está dentro de casa, el peligro es eminente, y la historia
se repite. Por ello, reafirmo que constituye un peligro el hecho de que gran
parte de la “información“ periodística sea dirigida por un solo medio, en el entendido de que
todos tenemos derecho a un espacio en donde podamos informarnos de manera
veraz, sin maquillajes ni mensajes camuflados de mentiras.
En conclusión, la concentración de medios en el Perú es un
peligro para la democracia, ya que la mayoría de peruanos estaría resignado a
recibir la información mayoritaria de un solo medio, además de asistir a un
posible enfrentamiento con el gobierno de turno, de no armonizar con sus
intereses. Esta situación desacredita la información veraz y constituye una
falta de ética periodística en el medio; asimismo, violenta el legítimo derecho
a la información que debe recibir todo ciudadano. Finalmente, para saltar este
abismo, por un lado, habrá que aprender a surtir entre leer un diario cuya
línea editorial se yuxtapone y expande hacia sus socios estratégicos, y un
diario de corte verista que aquilate la información, para estar cada vez más
lejos de Escila y Caribdis; y por otro, ojalá que los promotores del decano se
alejen de la malas prácticas de sus vecinos para evitar cualquier desvarío
social que tanto daño nos hace.
viernes, 16 de mayo de 2014
¿SEGUIMOS CON LO MISMO O CAMBIAMOS EL CHIP?
En nuestro país, en la última década, parece que los medios de
comunicación social, sobre todo la televisión, han olvidado cuál es la esencia
de su verdadero quehacer. Es por ello que se ha puesto en tela de juicio el
tipo de programas que emite la televisión peruana, ya que se estaría
violentando el decreto supremo emitido por el gobierno nacional el 15 de julio
de 2004 (Ley 28278). En tal sentido, para muchos televidentes, la programación
televisiva les permite mantenerse informados, distraerse, pasar momentos
agradables en casa junto a la familia; en cambio para otros, dicha programación
lesiona y daña, de manera irreversible, la mente de los niños. Bajo esta
premisa, asumo que la mayoría de programas televisivos nacionales de señal
abierta deforman la mente infantil.
Por una parte, digo esto, porque la televisión peruana emite programas demasiado violentos y de escasa formación cultural. Ahora bien, si un medio de comunicación descuida el aspecto cultural y genera violencia en la emisión de sus programas, naturalmente, tiende a deformar la mente de cualquier niño. Así lo refiere el Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos: “la violencia expuesta en la televisión puede conducir a los niños a desarrollar conductas agresivas que duran por mucho tiempo” (Guía infantil, 2000-2013). En efecto, dicha programación orienta a la degeneración humana.
Por una parte, digo esto, porque la televisión peruana emite programas demasiado violentos y de escasa formación cultural. Ahora bien, si un medio de comunicación descuida el aspecto cultural y genera violencia en la emisión de sus programas, naturalmente, tiende a deformar la mente de cualquier niño. Así lo refiere el Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos: “la violencia expuesta en la televisión puede conducir a los niños a desarrollar conductas agresivas que duran por mucho tiempo” (Guía infantil, 2000-2013). En efecto, dicha programación orienta a la degeneración humana.
Por otra parte, claro está que la televisión-cuyo origen tuvo
lugar en 1928, gracias a las investigaciones de Logie Baird- no es la caja
tonta como muchos lo han denominado, televisión es un medio de comunicación
social que nos permite recibir las noticias con suma rapidez, generar opinión,
divertir, educar, entretener, entre otras actividades. Sin embargo, pese a las
bondades que puede presentar este medio, vale la pena aseverar que quien
permanece por mucho tiempo viendo televisión tiende a generar adicción y
entorpecer su pensamiento, ya que anula la mayor parte de su capacidad creativa
y reflexiva. En consecuencia, conduce a un adormecimiento cerebral y
deformación de la mente humana.
Asimismo, resulta demasiado generoso advertir y afirmar que el
85% de los programas televisivos no
dudan en apelar a elementos básicos de atracción como sexo, violencia, humor
lleno de jocosidad y sangre. Y bajo el seudoargumento de una aparente
preocupación y denuncia ante situaciones desastrosas se ensalzan con el
sufrimiento de las personas, de la manera más vil. Entonces, ¿cuál es el
impacto que producen los programas televisivos en la formación de los niños y
jóvenes del Perú?, ¿qué es lo que vemos a diario en la TV?, ¿acaso somos
incapaces de levantar la voz y decir basta de tanta podredumbre en las
pantallas?, ¿no podemos dejar presionar el power del control remoto, porque ya
sabemos qué es lo que nos espera en este país en donde todos gritan libertad de
expresión? ¿Este país no tiene salvación?
Además, si partimos de la premisa que “Los servicios de
radiodifusión sonora y de televisión deben contribuir a proteger y respetar los
derechos fundamentales de las personas, así como los valores nacionales que
reconoce la Constitución Política del Perú”, podríamos asumir que la mayoría de
promotores, y por ende los programas televisivos “aplauden” la existencia del artículo
33 de la ley 28278 que versa sobre los principios y valores y que prohíbe la
emisión de cierto tipo de programas que mellan la integridad del ser humano;
menos aún toman en cuenta los artículos 41, 42 y 43 de la misma ley, que
estipula sobre el horario familiar para la emisión de ciertas películas. Según
el panorama, la programación televisiva en el país, a diferencia de
otros países, tiene absoluta libertad para elegir qué ofrecerle al televidente:
chismes peleas, insultos, “concursos”, evidentes actos de racismo, incluso
hasta la muerte, como el caso de Ruth Thalía, que ocurrió luego de que la
susodicha se presentara en un conocido programa televisivo a decir “su verdad”.
Sin embargo, distinto sería si el Estado exigiera a los canales de televisión
que cumplan con la ley como el caso de la televisión cubana, al margen de su
política de estado, en donde la
programación televisiva es netamente cultural, informativa, educativa y
deportiva, orientada a la conservación
de sus valores y los sueños cubanos. De ser el caso, se podría disfrutar de una
programación más sana, comprometida con la educación de su gente, sobre todo de
los niños quienes son el blanco perfecto de muchos antivalores que se propagan
sin ningún reparo.
Ahora bien, para quienes defienden la idea de que la mayoría de
programas televisivos sí cumplen su función al respetar la normativa vigente,
Ley 28278, podrían argüir que ningún sujeto está obligado a ver lo que no le
place; en consecuencia, tiene plena libertad de elegir otras alternativas como
el hecho de adquirir un producto de cable, cuyos beneficios son evidentes. Frente
a ello, no digo que la televisión se haya alejado de sus quehaceres al emitir la
noticia a nivel local, nacional y mundial, aparte de generar la opinión; tampoco
niego la existencia de otras alternativas. Sin embargo, ante los resultados y
evidente propagación de violencia, no existen argumentos válidos; ya que en la programación
televisiva peruana se han descuidado dos aspectos fundamentales: el formativo y
la práctica de valores que permitan integrarnos y hacernos cada vez mejores
ciudadanos. Además, vivir bajo la lupa de un gobierno acéfalo, es natural que
la realidad no cambie mucho, lo que coadyuva a la falta de voluntad de parte de
los promotores de la televisión para presentar programas de corte educativo, porque
perderían rating y dinero. Es más, si hablamos de entretenimiento, el asunto se
agudiza como si fuera una enfermedad crónica, ya que se usa un código que va de
lo coloquial hasta lo vulgar, típico de personas de la baja estofa. Esto se
repite en la mayoría de canales de señal abierta, cuyos programas muestran
contenidos similares, y de los que casi nadie se inmuta, menos aún el Estado.
En síntesis, la mayoría de programas televisivos en el Perú son
lesivos para la mente de los niños. Esta situación se puede evidenciar en el permanente
descuido, que muestran los programas de televisión, en el aspecto cultural y
educativo que les compete según la ley, al estar plagados de violencia, sangre
y muerte; y cuyo fin es el rating y el dinero. Dada esta realidad, se espera,
por un lado, que los promotores de la televisión puedan reflexionar y mejorar
su producción que ofrecen a la ciudadanía; y por otro, ojalá que los televidentes
huyan de esa ceguera que les puede conducir a la estupidez, frente a una
pantalla en donde se lanzan una serie de adjetivos hirientes y chocantes que
van en contra de nuestros principios.
jueves, 20 de marzo de 2014
EL FALLO DE LA HAYA
Uno de los temas pendientes que ha enfrentado constantemente a
Perú y Chile, desde la Guerra del Pacífico (1879) hasta hoy, ha sido el
diferendo marítimo. Ante esto, nuestro país elevó sus argumentos a un ente
externo para que determine y dé por finalizado el asunto. Es así que el 27 de
enero de 2014, la Corte Interamericana de Justicia de La Haya dio a conocer su fallo, hecho que produjo distintas opiniones a nivel nacional.
Para la clase política y para la prensa, nuestro país habría logrado su
objetivo; en cambio, para un reducido grupo de compatriotas, el Perú se habría
llevado la peor parte. En ese sentido, asumo que el dictamen favoreció a Chile.
Digo que el veredicto favoreció al vecino país del sur, porque
en las ochenta millas marítimas que se le otorgó a perpetuidad se encuentra la
mayor parte de concentración de anchoveta, una especie de pescado que tiene
mucho valor en el mercado mundial. Además, de todo ese espacio marítimo no solo
puede extraer pescado, sino petróleo, gas, entre otras riquezas que muy bien
puede aprovecharlas, gracias al avance científico-tecnológico. Ahora bien, a un país como el nuestro que le
otorgan un espacio rodeado de tiburones, potas y otras especies marinas no
significativas para la dinamización de su economía, solo habrá ganado agua y un
poco de consuelo. Pese a ello, lo curioso es que casi toda la prensa nacional,
incluido el Presidente, asumen que hemos ganado la contienda.
Por otro lado, en términos de Ignacio Walker, excanciller
chileno, los peruanos celebran el hecho de tener un territorio que Chile nunca
quiso. Así, en tono sarcástico, manifestó: “Nosotros jamás solicitamos ni un
metro de eso porque no tiene ninguna experiencia práctica”. Repito, si la
balanza se hubiese inclinado a favor nuestro, Perú tampoco hubiese ganado nada,
ya que históricamente ese espacio le correspondía; en consecuencia, solo habría
recuperado su espacio marítimo. ¿Entonces de qué ganancia o beneficio hablan
quienes dirigen nuestro país?
En conclusión, el dictamen de la Haya terminó favoreciendo al
vecino sureño, al otorgarle perpetuamente el espacio marítimo, en cuyo
perímetro se ubica la mayor producción de especies marinas. Por su parte, Perú solo recuperó un triángulo
en altamar que estaba en dominio chileno, pero que ellos jamás reclamaron. Solo
se espera que con este último acontecimiento las divergencias tanto marítimas
como territoriales hayan terminado, a fin de no seguir reduciendo nuestros
espacios territoriales ni marítimos.
domingo, 16 de febrero de 2014
¿Y CONGA VA O NO VA?
EL PROYECTO MINERO CONGA

Los últimos acontecimientos acaecidos en la región Cajamarca, relacionados con la viabilidad y ejecución del proyecto minero Conga han puesto en jaque al gobierno de Humala, puesto que el estudio de impacto ambiental que daba luz verde al mencionado proyecto ha tenido una serie de observaciones que ha desacreditado su validez. Este hecho ha originado el descontento de un numeroso grupo de cajamarquinos quienes han salido a las calles para expresar su disconformidad, mediante la protesta en distintas ciudades de la región. Dadas las circunstancias, un sector, sobre todo, los denominados ambientalistas, cree que este proyecto debe declararse inviable, porque atentaría contra el recurso hídrico, al afectarse las cabeceras de cuenca; en cambio, para otro sector, en especial para los empresarios, cree que esto debe seguir su curso, porque está en juego el movimiento económico de la región y del país. Ante esta disyuntiva, asumo que el millonario proyecto debe seguir su curso.
Por un lado, digo que el proyecto minero
Conga debe ejecutarse, porque genera diversos beneficios para el país. En
primer lugar, genera puestos de trabajo y mejora la calidad de vida de muchas familias.
En segundo lugar, gran parte del canon minero está destinado a la ejecución de
proyectos que benefician a todos. En tercer lugar, parte de ese impuesto sirve
para que el estado cumpla la deuda interna del país. Por último, el hecho de que
Cajamarca reciba canon minero no significa que esté destinado solo para un grupo
de personas; por el contrario, el canon minero es la participación efectiva y
adecuada de la que gozan los Gobiernos Locales y Regionales producto de la
explotación económica de los recursos mineros.
Por otro lado, en términos del MEF, desde el
2006 se ha permitido que las dependencias regionales y locales utilicen hasta
el 20% de los recursos provenientes del Canon para el mantenimiento de la
infraestructura generada por los proyectos de impacto regional y local.
Asimismo, el ente afirma que el gobierno central dispuso que se destine hasta
el 5% de lo recibido para financiar la elaboración de perfiles correspondientes
a los proyectos de inversión pública que se enmarquen en los respectivos planes
de desarrollo concertado. En suma, con todo lo que se proyecta, en términos
económicos, se estima un avance significativo para la región. Empero, todos
estos beneficios se recortarían si desestimamos el millonario proyecto.
Además, según la Sociedad Nacional de Minería
Petróleo y Energía, a través de su reporte informativo sobre transferencia de
Canon Minero, informa que en julio de 2012 se destinó una partida de 512 millones
de soles y unos 300 millones, aproximadamente, en el 2013 a la región
Cajamarca. Con estos montos se asume que las autoridades locales y regionales,
de manera conjunta, han ejecutado una serie de obras públicas; caso contrario, habría
que preguntarles qué han hecho con semejantes sumas de dinero. Ahora bien, si
las autoridades no canalizaron de manera adecuada los recursos o simplemente se
lo devolvieron al fisco por incapacidad de gasto, es un tema que la misma
ciudadanía debe mantenerse vigilante ante tal incongruencia para hacer sentir
su disconformidad.
Es importante recordar que, desde la época
colonial, el Perú se ha caracterizado como un país minero. Desde entonces, gran
parte de nuestra economía se ha dinamizado en función a los ingresos producto
de esta actividad. Es por eso que actualmente, hay varios proyectos de esta
naturaleza que están esperando el reinicio de sus actividades, paralizadas como
consecuencia de los reclamos sociales ante el temor de mermar las fuentes
acuíferas que se ubican en cabeceras de cuenca. Pese a los temores, la
experiencia nos dice que la mayoría de proyectos mineros han terminado ejecutándose
y beneficiando a numerosas familias, directa o indirectamente; y este no sería
la excepción.
Para finalizar, reitero que este proyecto
minero Conga debe ejecutarse, ya que resulta positivo para el país. De hecho,
esto será una realidad en la media en que las autoridades que reciben el
presupuesto del canon minero tengan la capacidad de generar proyectos de gran
impacto en beneficio de todos; caso contrario, resulta desventajoso el hecho de
recibir grandes partidas presupuestales que no se puedan invertir, menos aún generar
el verdadero desarrollo que tanto anhelamos. Finalmente, pese a todos los
beneficios que pueda generar este proyecto, es menester que se explique a la ciudadanía
cuál será el verdadero impacto y cuáles serán las medidas que se tomarán para
no alterar el equilibrio ecológico.
lunes, 24 de junio de 2013
RAZÓN, FE Y CONOCIMIENTO: LA TRIADA ESFUMINADA
Universidad Nacional: ¿rumbo a la investigación científica o salvación a la miseria?
Antes de empezar,
quisiera advertir que esta dilucidación surge teniendo como referente la fugaz
estancia por distintos claustros universitarios nacionales a inicios del
presente siglo; momento de plena dictadura fujimorista, revueltas, muertes,
silenciamiento, “compra de medios”, expropiación de canales de televisión,
entre otros males. Hablo desde un contexto en el que cada estudiante de nivel
superior tiene la responsabilidad y la
obligación de sacar adelante a un país que se resiste a la dictadura, además de
una fuerte crisis académica que a todas luces vapulea a cuanto estudiante
ingenuo y timorato encuentra, producto de un nuevo orden mundial: el
neoliberalismo y la globalización. En ese sentido, si partimos de que el
término universidad se asemeja a universalidad de conocimientos de diversas
materias, investigación y de proyección para enfrentar los retos del presente y
del futuro, aunque este sea desconcertador y nos haga pensar que debemos
mantenernos a la vanguardia y a la espera de no sé qué evento; aun así, también
es cierto que mientras podamos solazarnos de un hermoso día de abril, hay que
adelantarnos a los acontecimientos si queremos sobrevivir ante la eminente vorágine. Además, consciente de que cada
evento viene atizado por el vertiginoso avance científico tecnológico que
termina deshumanizándonos, habría que pensar si quedarnos aquí o emigrar adonde
la oscuridad no termine por enceguecernos más aún. Entonces, se podría estar
pensando que la única forma de superar la enorme tara, que se apoderó de
nosotros desde la época colonial, es contar con un elenco de estudiantes con
espíritu progresista y una excelente formación académica universitaria pública,
a fin de no ser aniquilados, y menos aún caer en una alienación irreversible.
Sin embargo, los actores de la comunidad universitaria pública peruana
atraviesan por una crisis endémica.
Para empezar, no encuentro
consistencia entre lo que ofrece una universidad pública y lo que realmente
recibe un estudiante que necesita enfrentar a un mercado cada vez más exigente
y agresivo en pleno siglo XXI. Bajo este contexto, lo más notorio es que la
mayoría de estudiantes se caracterizan por su estado de pasivismo y dejadez
ante una serie de eventos que van mermando su capacidad de raciocinio. En ese
sentido, si un estudiante con ayuda de sus mentores se forma con ciertas
limitaciones en una determinada disciplina, obviamente, no podrá competir
frente a otros que se adelantaron a la nueva ola, para quienes el contexto les
resulta favorable y halagador. Como era de esperarse, ya en la primera mitad
del siglo XX, José Carlos Mariátegui, de manera implícita, nos advertía que la
tarde sucedería al albor de la Academia o que el Oscurantismo negaría al Renacimiento.
Además, si referimos
al desgobierno del sistema universitario público, sobran razones como para
asumir que si nadie pone orden, todo se desvirtúa, y dios nos libre del
anarquismo. Creo que los jerarcas, al estilo clasista de la edad media, no han
entendido o no quieren entender el verdadero sentido de la educación superior
en el Perú. Para nadie es un secreto que el sistema universitario público ha
venido surtiendo sus bemoles, acompañado de un estado, cuya organización se
muestra como la vedete de la derrota que no hace sino dar vergüenza y lástima.
¿Será acertado decir que el sistema no funciona, porque la estructura bajo la
cual se rige nuestro país tiene deficiencias? Ante esto, es menester ir
urdiendo algún plan de contingencia antes de que el coloso pisotee y machaque
habitaciones completas de guerreras diminutas. Pero si todo está tan claro,
¿por qué no evidenciamos ni la mínima luz en el fondo del túnel sabatesco o en
la caverna de Platón? ¿Habrá que cantar a
todo pulmón -como quien canta el himno “somos libres”- que el sistema
universitario público está en crisis para que se tome alguna decisión? ¿O no es
rentable ocuparse del asunto?
Y otra vez, aparece
el elenco de estudiantes universitarios que se vislumbran como sujetos cuyas
mentes amnésicas fueron adormecidas a causa de los dardos recibidos bajo los
efectos del mundo macondiano neoliberal en donde se quedaron fijadas y no
tuvieron opción de desprenderse. Y por el mismo hecho de haberse lesionado de
manera irreversible, hoy arrastran y llevan como herencia genética ese lastre
que ni siquiera les permite inmutarse por la pesadez del estómago, producto de
toda la inmundicia que recibieron. En consecuencia, solo buscarán un
calificativo que le sea favorable no importa cómo. Pero no se olvide que puede
aparecer alguno que “sabe aprovechar”, y puede, con plena libertad, elegir otra
alternativa: permanecer en la universidad los años que le sea favorable en
términos económicos, “haciendo política”.
Finalmente, después de haber bregado tanto- al estilo don Quijote en la
Cueva de Montesinos- y luego de tanto ajetreo, obtendrá el ansiado diploma que
le sabotea hacia la búsqueda y consecución de un trabajito que le permitirá
sobrevivir y hacer frente a la “sana competencia”. Se infiere, entonces, que
parte de esta población estudiantil muestra, una enorme cicatriz, adherida a la
falta de convicción que avanza de manera geométrica. Así resulta fácil comprender
por qué muchos jóvenes ni siquiera saben por qué están en la universidad, ya
que ingresaron “por obra y gracia del espíritu santo” o por democracia. Esto
nos conduce a hipotetizar la razón de su
descontento y de su constante migración ensayo-error por distintas facultades que
ofrece la universidad, y quienes no logran su objetivo, a regañadientes, se ven
obligados a terminar una carrera que jamás soñaron, o en su defecto la
abandonan para siempre.
Vale la pena
recordar que en tiempos antiguos, cada aprendiz acudía a la casa de la razón en
busca de la verdad, aunque no hayamos comulgado lo mismo sobre el sentido del
término, tampoco podemos negar que la universidad, desde sus orígenes hasta
hoy, ha conservado y gozado de cierta brillantez pese a los grandes cambios de orden
político, cultural: mundo Clásico- Medieval- Renacimiento…siglo XXI. Sin
embargo, creo que la tríada razón, fe y conocimiento, hoy esfuminada, siempre
fue un buen acicate como para pavonearnos de una etapa que- a mi parecer- aún
tiene vigencia si quisiéramos ordenar el asunto. Desde esta perspectiva, se
vislumbra un oscuro porvenir en numerosos sujetos que deambulan por las calles
de las grandes ciudades con un cartapacio bajo la manga en busca de un trabajo
digno, a quienes la universidad los tituló, quizá, sin medir las consecuencias.
Por ahora,
planteémonos otra pregunta: ¿todos los docentes que “selecciona” la universidad
pública cumplen los requisitos mínimos para sacar adelante a este país? Al
respecto, nadie niega la brillantez del lenguaje - pensamiento y dilucidación
con que salta al proscenio la pléyade que se dirige a un auditorio sediento de
aprehender temas novedosos y útiles al mundo que les espera. Opuestamente a
esta evidencia, tampoco es casual enfrentarse, sin razón, con aquellos seudocatedráticos
que lograron acceder a un ambiente universitario, también “por obra y gracia
del espíritu santo”. Estos son quienes amenazan a estudiantes por cualquier
reclamo, enarbolan el catedratismo del que ni siquiera tienen idea; en resumen,
son los encargados de generar el valor agregado de la mediocridad que avanza rápidamente
en estas instituciones que el estado se pavonea de regentar.
Dadas las
circunstancias “académicas”, los estudiantes timoratos dirán: “yo no me meto en
problemas”. ¡Qué genialidad! Es natural
que esto ocurra en un ambiente de silencio, en donde los entes encargados de
hacer justicia han perdido credibilidad. Curiosamente, la puerta sartreana
sigue abierta para estos “catedráticos” que hacen su agosto, mientras los
estudiantes timoratos se mantienen en zozobra y en espera de un octubre que
llega pero sin ningún milagro. Entonces, cabe otra interrogante: ¿Será posible
retomar la triada, o no será necesario en estos tiempos “tan modernos” sin
modernidad?
Pese a todo, se
aguarda una especie de optimismo frente a las últimas medidas sobre la nueva
Ley Universitaria, aunque no creo que cambie mucho el panorama. Si la medida no
prospera, la universidad lamentablemente más se asemejaría a cuatro paredes en
donde se pasa entre cinco y 20 largos años, para luego darnos cuenta que
realmente no hemos aprendido mucho, por una simple razón: la mayoría de cursos
que se recibió no resume la ecuación en estos tiempos de constante cambio. En
tal caso, mantener instituciones académicas acéfalas solo ayudará a promoverlas
como una alternativa de solución para llevar un título bajo el brazo, a fin de
no quedarnos “sin profesión”; y si el diploma es útil, quizá sea como una
alternativa de solución para no morirse de hambre.
Quienes entendemos
la verdadera dimensión del asunto, sentimos la necesidad nostálgica de afirmar
que atrás quedaron los años en que, por ejemplo, un Basadre, un Porras
Barrenechea, un Luis Valcárcel, un Luis
Alberto Sánchez - hoy olvidados- aportaron y lucharon en demasía por su patria,
pese a verla patas arriba, en términos
de Eduardo Galeano. O el hecho de contar con un autodidacta como Mariátegui nos
fortalece más aún, pero somos conscientes de que no los volveremos a ver. Habrá
que seguir alimentando y fortaleciendo los corazones de la esta juventud
imberbe que en algún momento tomará las riendas y será responsable del destino
de este país. Por ahora, debemos confiar en que luego de lograr el
licenciamiento, la acreditación y la certificación, la universidad pública contará
con la infraestructura suficiente, laboratorios de calidad, bibliotecas
actualizadas y conectadas a nivel mundial, ambientes adecuados para la
enseñanza - aprendizaje, profesionales de calidad a la altura de las exigencias
de la sociedad contemporánea con su tan preciada competencia.
Pese a que no veo ni
encuentro, menos aún propongo recetas para levantar la cerviz y reconstruir las
torres gemelas; habrá que tener un poco de paciencia, de sentido común y buena
voluntad para encontrar el horizonte en esta densa humareda. En ese sentido, creo
que la universidad pública debe implementar una serie de medidas urgentes y drásticas
que permitan la obtención de resultados óptimos dentro de un plazo no muy
lejano. Obviamente esto no será un producto gratuito; se necesita a nivel
nacional, en primer término, de autoridades que dejen de ser jefes y se
conviertan en líderes académicos que persuadan a sus equipos de docentes, estudiantiles
y administrativos, que los cambios son necesarios para seguir en carrera, y en
segundo término, conformar un equipo de especialistas con experiencia en
acreditación y certificación para lograr los cambios, caso contrario, habremos
fracasado nuevamente.
En resumen, queda
claro que la mayoría de actores de la comunidad universitaria pública peruana
atraviesan por una crisis endémica. Pese a ello, y aunque no visualicemos claro
el panorama, habrá que confiar en las autoridades competentes, docentes y
alumnos que aún sobreviven dentro los claustros, ya que lo mínimo que se espera
de ellos es que busquen una alternativa de solución en bien de la universidad
pública y del país.
sábado, 9 de marzo de 2013
MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES
Cada vez que me atrevía a utilizar un adjetivo, vacilando un poco sobre su
verdadero sentido, mi abuelita solía repetir el viejo refrán: “Palabra y piedra suelta no tiene vuelta”.
Con ello, por lo menos, trataba de mitigar el uso inadecuado de algún término
castizo. Hoy, en pleno siglo XXI, momento clave en que a todos nos agrada el
avance de la ciencia y la tecnología porque nos "resuelve la ecuación" y nos
produce placer, parece que ningún adagio será capaz de detener y hacer reflexionar
a un sujeto que se acostumbró a vivir en una sociedad consumista y vehemente
por alcanzar el “éxito”.
Por tal razón, me resisto a encender el televisor en mis días de ocio,
porque al parecer una densa niebla opaca mis ojos, reduce mi audición, producto
de una otitis crónica. Pero otra vez, el noticiero insiste en pasar los
titulares más importantes del acontecer nacional e internacional cuyos
contenidos se discurren acompañados de una oleada de violencia.
Ante esto, manifiesto una constante preocupación por el inadecuado uso del código
lingüístico en la mayoría de los medios de comunicación como radio, televisión, prensa
escrita en nuestra ciudad. Lamentablemente, en la mayoría de los casos, el mal
llamado “cuarto poder” lanza dardos de todo calibre sin importar quienes son
sus oyentes. Así, este se perfila como uno de los entes en donde se corrompe,
pisotea y olvida el correcto uso del código, lo que conduce a estropear formas y normas lingüísticas definidas y aceptadas por la comunidad de hablantes.
Según esta premisa, sería bueno que el comunicador
social reflexione sobre los usos expresivos que atañe a su quehacer periodístico. Esto permitiría que los medios de
comunicación social coadyuven, en la formación del oyente, teniendo como premisa que la escuela no lo
resuelve todo. Si no habremos de recordar a Luis Jaime
Cisneros quien afirmaba que el Perú enfrenta muchos problemas, pero aún tiene
solución; aunque todo debe empezar por casa, y si esto se contagia y amalgama
con el colegio, se puede avanzar. Pero ¿de qué manera ayudan los medios de
comunicación con el uso correcto del idioma? Claro está que a nuestra educación peruana le
hace daño el hecho de tener a un sujeto frente a los micrófonos dirigiendo un noticiero en los que se suele escuchar: “hubieron
muchos problemas”, sabiendo que lo formal es hubo muchos problemas; trasgevisar, sabiendo que lo correcto es tergiversar. De ser así, razones sobran para decir
que dicho sujeto es arrastrado hacia el uso mediático de términos que, a veces,
ni él mismo se orienta por su verdadero sentido.
Repito, si estamos pensando que todo comunicador
social tiene una gran responsabilidad, al dirigir un programa de radio, televisión
o cualquier medio escrito, por lo menos debería preocuparse por reducir sus deficiencias léxicas.
No se me ocurre que podamos continuar con programas
que salen al aire, cuyos receptores, en la mayoría de los casos, suelen ser los
menos instruidos, blancos de la barbarie de todo tipo.
Claro está que no es lo mismo hablar que escribir.
Eh allí el tema en cuestión: el mal uso del idioma lo podemos evidenciar cuando
un sujeto se dirige a una audiencia de manera oral. Si este comete errores, el
oyente, que no reflexiona ni conoce el uso formal de su idioma asume el término como lo escucha
y lo repite ad pederam literae. Distinto
ocurre en los medios escritos, aunque es difícil evidenciar un “fe de erratas”,
luego de algún lapsus calami.
De hecho, es más difícil escribir bien que
hablar bien, porque el sujeto puede mediar un cierto tiempo cuando ve el texto
escrito; en ese lapso reflexiona, consulta, ensaya, corrige variantes, etc. Contrariamente ocurre en los mensajes orales. Así, cuando un locutor de radio comete un lapsus linguae, ya no tiene opción a revertir
lo dicho, salvo que se corrija de manera inmediata. En tal sentido, los géneros periodísticos necesitan
de profesionales que cumplan con el manejo adecuado del sistema de la lengua,
caso contrario, seremos testigos de cómo en las memorias de las grandes masas van imprimiéndose las deformaciones, las
arbitrariedades, la pobreza y la vulgaridad idiomáticas en nuestro castellano.
En consecuencia, lo que se busca no es condenar a los medios de comunicación social como
deformes, sino de elaborar propuestas que ayuden a eliminar los desperfectos, a fin de ir mejorando su trabajo. Con ello, los radioescuchas y televidentes saldrían gananciosos. Así salta a la vista una necesidad: las
escuelas de periodismo tienen que reajustar sus mallas curriculares de modo que obliguen
a sus estudiantes a ser los referentes en su carrera; puesto que el cuarto poder se presenta como uno de los grandes maestros de nuestra sociedad en el uso
del código, a quienes los oyentes tratamos de imitar.
Mi disentimiento va porque en una ocasión me detuve
para detectar algunos errores lingüísticos cometidos por un locutor de radio y
televisión local:
“Tuavía estamos en la
pelea pa' el mundial…”
"¿Hicistes una
buena jugada…?"
"Hubieron desórdenes en el estadio municipal
luego del partido entre UTC y…”
“Esperamos que no haiga sorpresas en el banco
de Markarián”
Si entendemos que esta es la forma de expresión de algunos locutores en
medios poco serios, podremos decir que el televidente no asume una posición
crítica, de hacerlo no tendría cómo
dejarse oír en ese instante. Por el contrario, se va acostumbrando, y asume las
formas como correctas.
Finalmente, reafirmo: “Un diario bien escrito es un buen referente para el aprendizaje de la
lengua”. Debemos entender que el lector no se cuestiona al momento de
recibir la información, tenga o no escritura correcta, lo asume como tal, porque
está más interesado en la noticia que en la forma cómo se lanza el mensaje; sin
embargo, algo va quedando en la “grabadora”.
Quizá una buena fuente de consulta para absolver
nuestras interrogantes con respecto al uso adecuado del castellano sea el Diccionario
panhispánico de dudas o el Diccionario
de la Real Academia, herramientas eficaces que contribuyen con el mejoramiento en el uso del código, ya sea hablado o
escrito. Ojalá que los responsables de conducir ciertos programas no hayan olvidado
usar estos importantes recursos.
Cajamarca,
enero de 2013
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